jueves, 2 de mayo de 2013

EN UN LUGAR DE POLICARPA DONDE CAYERON LOS SANTOS



Cada día en el calendario llega con su trascendencia, su santo, su efemérides.  Desde el primero de enero hasta el 31 de diciembre,  todos y cada uno guarda un recuerdo, una conmemoración,  ya sean universales o particulares, todos significan algo, algo trascendente ocurrió en esa misma fecha  en cualquiera de los años precedentes. 
Pero no todas las conmemoraciones representan un sino de alegría,  la reproducción de un instante que levantó la felicidad hacia lo más grande, existen días en el calendario que representan victorias que constaron más de una vida y más de mil muertes,  existen fechas marcadas sobre el almanaque, las cuales traen a la memoria días donde la parábola del apocalipsis pareciera tomar su materialización en ese instante.   Así recuerda Mercedes Corredor ese “Viernes santo sangriento”  ese ocho de abril de 1966 en el cual, sobre la calle 4 sur  del barrio Policarpa,  sus habitantes se jugaban a muerte su derecho a la vivienda.
Foto: cartelurbano.com 
Todo había empezado cinco años atrás.  Familias emergentes de distintas zonas de la ciudad, las cuales no encontraban un lugar donde vivir,  arribaron a los terrenos ubicados detrás del barrio “La Hortúa”   y al costado sur del Hospital San Juan de Dios,  y sobre los cuales, empezaron a levantar  alguna forma de vivienda, ya fuese en  madera, en latas de zinc o en cambuches de plástico o tela,  lo importante era empezar y con el tiempo se iría levantando la casa que aspiraban.
Pero este ideal costó mucho más que esfuerzo.  La invasión trajo consigo la respuesta de la policía metropolitana, y con ella, los primeros enfrentamientos  entre los habitantes del barrio y la  fuerza pública  que se hicieron pan de todos los días.  Cercamientos, enfrentamientos contra la comunidad,  arrestos, entre otras formas represivas se extendían para sofocar la invasión y no permitir que esta se expandiera.  Ya para el año de 1962, la comunidad del barrio Policarpa y el Alcalde Mayor de este tiempo,  Jorge  Gaitán Cortés, llegaron a un acuerdo.  La Administración les permitía a los habitantes del Policarpa, continuar subsistiendo en estos terrenos, si estos se comprometían a no extender la invasión más allá del río Fucha y de la calle Cuarta Sur.
El acuerdo fue sellado y durante cinco años esto se cumplió. Sin embargo, después de un desalojo  realizado en el sector de lo que hoy es el barrio “San Carlos”, donde un centenar de familias quedaron  en la mísera calle .  Los vecinos del Policarpa acudieron a su ayuda recibiéndolos en  la casa cultural que habían logrado construir.  Después de muchos intentos de  conseguirles un lugar para vivir a estas familias con distintas entidades oficiales, y al no obtener respuesta, el  ocho de abril de 1966  viernes santo,  el Policarpa entero decide tomarse  los terrenos al otro lado del Fucha.

El Policarpa entero estaba preparado desde tempranas horas de la mañana, sabían que una reprimenda de la policía se podía dar en cualquier momento. Sin embargo contaban con la premisa de pensar  “es viernes santo”   es pecado disparar o golpear en este día.  Pues ni para el alcalde, ni para la fuerza pública  esto importó en lo absoluto.  Y así, desde los ojos y el testimonio  de Mercedes Corredor y Luis Alberto Cortés, regresaremos a ese  Viernes Sangriento, que aún retumba entre la sangre de quienes lo presenciaron.

Sobre la calle 4 sur se habían ubicado una serie de santos para proteger la entrada al barrio, mientras todos se concentraban en el centro del mismo, atrincherados por si cualquier cosa. 
La policía arribó al barrio en horas de la mañana,  tumbando las figuras de los santos ubicados sobre las calles 3 y 4 sur,  entrando por la carrera décima e iniciando los enfrentamientos, los cuales duraron todo el día sin dar tregua a descanso alguno. Ellos tenían armas, los policarpos piedras, ellos tenían bolillos, los policarpos resistencia,  pero las balas pueden más que las piedras y  los heridos iban cayendo sobre los pastizales que los  vecinos intentaban proteger.   Los  heridos eran llevados al hospital de la Hortúa y luego de ser atendidos, eran arrestados por la policía.  Así que la decisión de los médicos del hospital fue saltar las paredes y las bardas, para unirse a los policarpos y  atender a los heridos desde allí.
Poco a poco el cansancio iba agotando a los vecinos del barrio, los alzados en resistencia iban mermando sus fuerzas, hasta que a eso de las tres de la tarde,  la resistencia del barrio  estaba a punto de caer, y en el momento en que al parecer ya no daban más, apareció el frente del Movimiento Obrero a unirse a la resistencia, junto a un centenar de estudiantes de la Universidad Nacional, y con esto, la resistencia logró salir avante y conservar el barrio. Ya en la noche,  llevando su  cadáver en hombros, los vecinos velaban por las calles del barrio al vecino  Luis Alberto Vega, el gran caído del viernes sangriento, cuyos  restos desfilaron por las calles del barrio, entre lágrimas  y   fuerza,  como se despiden a los caídos en combate.
La represión igual continuó unos cuantos años más, no con la misma intensidad, dados los acontecimientos del ocho de abril y que la policía tenía a la prensa encima desde entonces, pero igual continuó. Intentaron cercarlos, ubicando muros sobre la carrera doce, cual  técnicas de asedios aplicados en la segunda guerra mundial.  Pero no demoraban en levantar los muros en el día, que en tumbarlos los vecinos en las noches,  y así otra victoria de la resistencia Policarpa lograba vencer el cercamiento de la policía. 
El Policarpa es un barrio que nació y se hizo barrio entre la lucha y el asedio, entre todas las formas de guerra aplicadas contra ellos, entre todos los estigmas de subversión construidos en su contra, así como lo dice Mercedes Corredor :  “Si ser subversivos es luchar por el derecho a la vivienda, pues sí, entonces somos subversivos”.  Y  cómo subversivos construyeron un barrio, diseñaron y pagaron sus propias vías, sus servicios públicos y su Colegio, el Jaime Pardo Leal.
Hoy sobre la calle 4 sur, sobre la misma donde se ubicaron los santos en ese viernes sangriento, en esa misma donde  trasportaron a Luis Alberto Vega, por donde se atrincheraban para resistir el hostigamiento de casi una década,  desde allí,  Mercedes Corredor y Luis Cortés evocan las gestas que les permite hoy recorrer su barrio como propio.  Hoy un barrio de comercio, el centro del comercio textil de Bogotá, hoy un barrio que cuenta una historia milagrosa a la  que muy pocos lograrían   sobrevivir. 

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